La poesía, según Gamoneda

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“La poesía no sirve para nada. No tiene ninguna utilidad inmediata para quien sea, ni para el poeta. Pero, igual que no nos preguntamos para qué sirve un paisaje muy hermoso o un cuerpo humano, no nos preguntamos para qué sirve la poesía, sino que advertimos su belleza (…) Entiendo que la poesía no es un adorno que se pone a la vida, es la vida misma. Una narración, por ejemplo, se hace para desarrollar un argumento, y para que alguien se sienta bien leyéndola. Pero la poesía es otra cosa. La poesía habla del sufrimiento y del placer del poeta y, simultáneamente, está mostrando esos accidentes existenciales a los lectores para que se reconozcan en ellos. No es un adorno, es un hecho, incluso biológico.”

Antonio Gamoneda

Postdata: Entrevista íntegra clicando aquí.

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Meridianos de tierra, de Hasier Larretxea

4166kmlcaPL._SX417_BO1,204,203,200_Hay aire de viaje, de bosque y de campas en los poemas en prosa de Meridianos de tierra (Harpo libros, 2017). Hasier Larretxea enarbola un libro verde, intenso -así lo imagino-, melancólico, rugoso e incluso áspero en la lectura como lo son las cortezas de los árboles que pueblan el corazón de los bosques atlánticos. De las prosas del libro crecen, como si fueran ramas de una arboleda, una extensión hacia una serie de vertientes complicadas de afrontar: por un lado el descubrimiento de un entorno que alumbra con su belleza un equilibrio decantado al disfrute, pero por otro lado el poso de aquellos que han salvado las dificultades y las complicaciones de la vida enarbolando un relato sobre la superación de aquellos obstáculos, en alguna ocasión centrándose de manera concreta. Estábamos en un bosque atlántico, el símil sería el árbol que se bifurca hacia un horizonte a sus extremidades, contemplando lo que le espera y, por otro lado dando un protagonismo sincero a la memoria. Sigue leyendo

Visitar en el hospital

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“(…) Sobre ti, el peso de tu lápida sin cruz, de la tierra, de todas las mañanas. Crecen hierbecillas a tu alrededor, padre. Los cipreses se alzan a tu alrededor, padre. Los cipreses se alzan negros por ti. Y antes de salir, sabes bien el horario de visita, padre, sabes bien que si me quedo más llega al enfermera y me echa y se enfada con nosotros; antes de salir dije lo voy a conseguir, padre, tengo que construir como has construido; estos brazos son los tuyos, padre. Nos miramos otra vez. Sí, vuelvo, padre, vuelvo. Y mientras me alejaba, me mirabas. Y el dolor constante el dolor constante. Hemos llorado juntos. Tú lo sabes.”

Te me moriste
José Luís Peixoto

La caracola de Cos (un poema de Sophia de Mello)

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[…aún queda algo de arena de playa en las juntas de las baldosas de nuestra habitación…]

La caracola de Cos
Esta caracola no la encontré yo misma en una playa
sino que en la mediterránea noche azul y negra
la compré en Cos en una tienda junto al muelle
muy cerca de los mástiles balanceantes de los barcos
y me traje conmigo el resonar de las borrascas

Pero no oigo en ella
ni las marejadas de Cos ni las de Egina
sino el cántico de la larga vasta playa
atlántica y sagrada
en donde para siempre mi alma fue creada

Poema de Sophia de Mello (Oporto, 1919 – Lisboa, 2004) publicado en La Caracola de Cos y otros poemas en 1997; y extraído de Nocturno mediodía. Antología poética 1944 – 2001 (Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores)

Bacalao de temporada perenne

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[Cuaresma creciente, carne menguante. “Casinos, mulheres e bacalhau à brás” dicen en Macao… raro sea que ninguna ciudad, cambiando el plato por otro cualquiera, típico eso sí, no haya sido utilizado como reclamo por nadie más. Al tiempo porque la testiculina siempre anda al paso de ideas de bombero]

Sobre el Bacalao Dorado (o Bacalhau à Brás) de Portugal.

Con poco resto de sal marina (la piel es opcional, las doce horas de baño desalado previo en agua fría son innegociables) el bacalao troceado de migajas, ligero de escamas y sometido a un baño de fuego y aceite -de oliva virgen extra si no existen condicionantes- Sigue leyendo

Como un primer bosque…

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[si Elías Moro me recomendó leer a Hasier Larretxea, supongo que tarde o temprano tendría que haberle hecho caso…]

Las raíces son escaleras que subieron a destiempo. Los senderos, ventanas abiertas que perforan el murmullo de las pisadas que se quedaron si un retorno. La corriente del río, la purificación de los perfiles que se alzaron desde la claridad de los asideros. El compás sintonizado de la respiración de los antepasados que no lograron entrecortar.

Meridianos de tierra
Hasier Larretxea

Foto: bosque pintado de Oma, en Euskadi. Obra de Agustín Ibarrola.

 

Pepe Carvalho

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Tan barcelonés como de izquierdas, tan viajero como curioso, Manuel Vázquez Montalbán dejó en de forma prematura un legado sobre la Barcelona Olímpica y sus previas y continuaciones que muchos no vivimos gracias a un embajador inefable como Pepe Carvalho, donde los placeres más primarios viajan a velocidad crucero rumbo a la sotisficación del encaje: viajar, el buen comer y beber, las mujeres -y hombres-. Carvalho y Vázquez Montalbán son un grito melancólico de aquella Barcelona atrapada en sí misma y en su belleza particular más bonita halla en su supervivencia su principal razón de ser en contra del avance de un capitalismo húmedo por toda el área metropolitana. Carvalho habla de la ciudad escondida; un reducto de aldea gala llena de vicios y sombras inexistentes a primera vista pero provoca que cada vez que estoy en la ciudad la entienda con otros ojos y juegue mentalmente con alguna trama. ¿Saborear Barcelona? eso es harina de otro costal.